Había el cielo expirado sus últimos colores, el viento comenzaba a envolver lentamente con su aliento pasivo cada helecho, arbusto, roca, animal, flor o árbol que se cruzara en su camino creando así canciones secretas que solo ciertos seres podían interpretar, las estrellas se asomaban curiosas e inmersas en la oscuridad del cielo resplandecían; allí en medio de aquel paisaje sombrío y casi silencioso susurraban palabras dos árboles de follaje azul, azul intenso y al mismo tiempo azul transparente, hablaban aquellos árboles en un lenguaje muy antiguo, un lenguaje ya olvidado pero de vez en cuando recordado, entre movimientos circulares y ondulares de sus ramas y hojas comenzaban a recitar poemas muy sublimes que podían llegar a estremecer hasta la más invulnerable de las rocas, más tarde cuando la noche estuviese mas adentrada comenzaban a contar historias sobre viajes fantásticos hacia tierras lejanas; uno de los dos árboles decía que existía un manto de agua salado capaz de absorber todo un bosque en una noche y al aparecer el sol ya no dejar más que tierra amarilla partida en millones de millones de trozos minúsculos de rocas infinitamente pequeñas que brillaban casi tanto como las estrellas , el otro contaba la historia de un monito parlanchín que montó un espectáculo de libélulas salvajes que realizaban piruetas extraordinarias las cuales viajaron a través de muchos mundos mostrando sus actos y dejando atónitos a cada uno de los asistentes al espectáculo; ambos sabían que nunca se habían movido de allí y que la mayoría de sus historias provenían de sus hojas que singularmente habrían alcanzado distancias inimaginables y que de alguna manera se mantenían comunicadas con ellos a pesar de la distancia, por eso jamás desconfiaban de las historias que se contaban mutuamente, aunque a veces las historias eran tan extrañas que no daban pie para el entendimiento y como ellos eran árboles azules sencillamente movían sus ramas y comenzaban a bailar hacia el infinito contenido en sus lánguidas noches de tertulias.Dos árboles azules
Había el cielo expirado sus últimos colores, el viento comenzaba a envolver lentamente con su aliento pasivo cada helecho, arbusto, roca, animal, flor o árbol que se cruzara en su camino creando así canciones secretas que solo ciertos seres podían interpretar, las estrellas se asomaban curiosas e inmersas en la oscuridad del cielo resplandecían; allí en medio de aquel paisaje sombrío y casi silencioso susurraban palabras dos árboles de follaje azul, azul intenso y al mismo tiempo azul transparente, hablaban aquellos árboles en un lenguaje muy antiguo, un lenguaje ya olvidado pero de vez en cuando recordado, entre movimientos circulares y ondulares de sus ramas y hojas comenzaban a recitar poemas muy sublimes que podían llegar a estremecer hasta la más invulnerable de las rocas, más tarde cuando la noche estuviese mas adentrada comenzaban a contar historias sobre viajes fantásticos hacia tierras lejanas; uno de los dos árboles decía que existía un manto de agua salado capaz de absorber todo un bosque en una noche y al aparecer el sol ya no dejar más que tierra amarilla partida en millones de millones de trozos minúsculos de rocas infinitamente pequeñas que brillaban casi tanto como las estrellas , el otro contaba la historia de un monito parlanchín que montó un espectáculo de libélulas salvajes que realizaban piruetas extraordinarias las cuales viajaron a través de muchos mundos mostrando sus actos y dejando atónitos a cada uno de los asistentes al espectáculo; ambos sabían que nunca se habían movido de allí y que la mayoría de sus historias provenían de sus hojas que singularmente habrían alcanzado distancias inimaginables y que de alguna manera se mantenían comunicadas con ellos a pesar de la distancia, por eso jamás desconfiaban de las historias que se contaban mutuamente, aunque a veces las historias eran tan extrañas que no daban pie para el entendimiento y como ellos eran árboles azules sencillamente movían sus ramas y comenzaban a bailar hacia el infinito contenido en sus lánguidas noches de tertulias.
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